CREA

Este es un espacio dedicado al intercambio de opiniones, proposición de alternativas y exposición de programas y de métodos desarrollados para mejorar la calidad de la educación.

Thursday, June 01, 2006

Educación en el Chile de hoy

¿Tienen razón los pingüinos?

¿Es necesario cambiar la manera de enseñar y de aprender?

Sergio A. Hojman

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Las personas que estudiamos en Chile y que hoy bordeamos los sesenta años de edad, fuimos escolares en la época anterior a la llegada de la televisión a nuestras casas.

Si bien es cierto la televisión se comienza a difundir en Chile casi simultáneamente con el desarrollo del Campeonato Mundial de Fútbol de 1962, los aparatos de TV no irrumpieron masivamente en los hogares mientras los sexagenarios de hoy éramos estudiantes escolares.

A medida que el tiempo avanza, se masifica la presencia de la televisión en los hogares, en blanco y negro, primero, a colores, después y con múltiples opciones de elección en la programación de la televisión por cable e incluso con la posibilidad de pagar por ver, en la situación actual.

En forma casi paralela al proceso de generalización del uso de la TV, aparecen y se masifican los reproductores y grabadores de video (de cinta, CD y DVD), los grabadores y reproductores portátiles de sonido (y ahora también de video), las consolas de juegos, los computadores personales, el Internet y los teléfonos celulares, entre otros, cambiando radical e irreversiblemente la manera en la que se desarrolla la vida cotidiana.

Estos aparatos constituyen el sustento físico de la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, conocidas como TIC, que permiten nuevas formas de relación entre los seres humanos y con el entorno. Este tema será materia de una próxima nota.

El modo de vida actual en Chile difiere enormemente del que existía en los años sesenta. Todo ha cambiado.

Pero, ¿realmente ha cambiado todo?

De hecho, la educación ha experimentado cambios en estas cuatro décadas, pero estos cambios son ínfimos en relación a los cambios producidos en otros ámbitos de nuestro quehacer.

Es fácil constatar que en los años sesenta las distracciones personales de los estudiantes, que consistían en escuchar la radio, leer diarios, revistas y libros, eran tan poco atractivas como las tareas escolares mismas.

Sin embargo, como ya vimos, la situación actual difiere enormemente de aquélla debido, justamente, a la existencia de múltiples posibilidades de diversión asociada a los aparatos ya mencionados, que no existían en Chile hace 40 años.

Al contrario de lo que sucedía en los años sesenta cuando las distracciones extraescolares eran, en general, más bien insípidas para los estándares de hoy, casi todas las actividades que actualmente tienen lugar fuera de la escuela, son mucho más interesantes que las tareas escolares.

Para los estudiantes de hoy es mucho más difícil, de lo que fue para los escolares de mediados del siglo XX, elegir trabajar en sus deberes escolares que sucumbir a la tentación de las (ahora suculentas) distracciones.

La educación tradicional, para el estudiante promedio, no puede competir exitosamente con tan poderosas alternativas.

Es fundamental reconocer que, el uso de los nuevos aparatos e instrumentos que hemos mencionado, ha permitido a los estudiantes adquirir nuevas destrezas que los faculta, al menos en principio, para utilizarlas de diversas maneras para mejorar sus aprendizajes.

Por otro lado, si bien es cierto los computadores personales, el Internet y los teléfonos celulares pueden ser utilizados como vehículos de entretenimiento, ellos son también indispensables en la forma actual de trabajar y, la destreza para manejarlos con maestría (que bien pudo ser adquirida persiguiendo propósitos lúdicos), debe ser considerada como parte integral de la formación de una persona contemporánea.

El enorme dinamismo de las distintas disciplinas, las ciencias, las tecnologías y las comunicaciones, en especial, obliga a los trabajadores actuales a renovar su acervo de conocimientos, habilidades y destrezas a un ritmo jamás antes experimentado.

Este es un desafío para el que todos los actuales estudiantes, futuros trabajadores, deben prepararse de una manera distinta a la tradicional, ya que la velocidad con que los cambios se presentan, nunca antes estuvo presente en la historia y, en consecuencia, la educación tradicional no entrega herramientas adecuadas para lidiar con ella.

Para enfrentar los continuos cambios en las formas de producción, es necesario adquirir conocimientos, habilidades y destrezas de manera continua y, en algunos casos esta tarea requerirá la capacidad de aprender por nosotros mismos, habilidad que normalmente no es desarrollada en la educación tradicional.

Considero que lo expuesto justifica la necesidad de cambiar nuestra forma de enseñar y de aprender. Existen, obviamente, más razones que apoyan esta posición. Sin embargo, para no extender la longitud de esta nota más allá de lo prudente, no consideraré otros argumentos, por ahora.

Obviamente, queda mucho territorio por explorar. Existen, todavía muchas interrogantes, entre ellas


¿Cómo debemos enseñar y aprender en el Chile de hoy?


¿Cómo lograr una educación de calidad?


¿Cómo se pueden usar las TIC en Educación?


temas que trataremos en próximas notas.